sábado, 10 de agosto de 2019

Érase una vez un cuento de corrupción

Érase una vez un trabajador con ganas de grandeza que empezó de joven a trabajar en el PP. El tesorero del partido le cogió bajo su tutela y juntos manejaban las cuentas. Unos años después una investigación judicial hizo que apartaran al tesorero. También apartaron al gerente ¿qué va a ser de mí, si ya pensaba que iba a poder vivir del cuento toda la vida?. El nuevo Presidente del partido le volvió a dar trabajo como gerente ayudando a un nuevo tesorero. Las donaciones millonarias van llegando al partido y el gerente hace lo que le mandan; ayudar al tesorero a anotar las donaciones y repartirlas parte del dinero a los cargos importantes porque hay que cuidar muy bien a los militantes, bueno a los que están arriba, los de abajo que se cuiden solos que los partidos políticos no están para ayudar a la sociedad, sólo a los amigos.
Pasan los años, el partido llega al gobierno y todo sigue igual, España va bien y sus dirigentes gracias a los sobresueldos mejor todavía. El gerente es uno más en Suiza, donde va muy a menudo a ingresar dinero suyo y del partido en cuentas extranjeras para no tener que declararlo a hacienda, y sobre todo para no contestar preguntas incómodas. El partido da contratos públicos a las empresas de sus amigos y curiosamente esos amigos son los que les han dado comisiones, todo queda en familia. El dinero de los contribuyentes se emplea en inflar contratos de construcción o de servicios para que los empresarios leales tengan un beneficio mayor del normal y así recuperen el dinero de la comisión. El partido se queda con la comisión por su gestión y el único que sale perdiendo es el ciudadano, pero como no tiene manera de probarlo, pues nada.
Y de repente cuando tantos años de práctica en estos negocios ya les hacen pensar que son invencibles, un participante del lío en un nivel bajo decide que quiere ascender en el partido. Su deseo es denegado y bien sea por despecho o por limpiar su conciencia decide contar las irregularidades que ha visto. Todo el partido en bloque lo niega, y lo sigue negando mientras la justicia a trancas y barrancas consigue ir investigando. El tesorero decide irse porque ya está mayor, no vaya a ser que le metan en la cárcel siendo octogenario. El partido asciende al gerente que tantos años de buen servicio ha dado a tesorero, al fin y al cabo es el más indicado para seguir con el sistema ya montado.
Cuando la justicia apunta al nuevo tesorero como una pieza clave en el sistema de pagos, el partido le defiende a capa y espada; no van a consentir que se manche el nombre de su empleado que tanto dinero les ha gestionado tan discretamente (y podría contarlo) o el de ellos, no vaya a ser que se descubra el tomate. Con tanto periodista cotilleando el partido decide sacar de primera fila a los que la justicia ha señalado, les seguirá pagando pero sin tener cargo; les sale más barato que arriesgarse a que hablen y como siguen recibiendo comisiones y dinero del estado tienen fondos de sobra. Y así ignorando toda ética y responsabilidad con la ciudadanía el tesorero sigue recibiendo comisiones, repartiéndolas entre los elegidos y llevando dinero a paraísos fiscales. Todo sigue como si nada.
Cuando su nombre vuelve a salir en temas judiciales el partido decide apartarle como a los demás, ahora están en el gobierno y hay que aparentar ser serios. Le defienden pero aseguran que ya no pertenece al partido aunque sigue cobrando, teniendo un sitio adjudicado en las oficinas y coche privado. El tesorero se enfada y reclama que el partido le ayude a limpiar su nombre de verdad y a defenderse. El partido le pide que niegue todo, diga que todo el dinero es suyo (aunque parte sea del partido o de otros miembros del mismo) y que esto pasará pronto; de todas maneras le pagan los abogados para que le defiendan y de paso defiendan los intereses el partido sin que se note mucho. El tesorero que es muy buen empleado hace lo que le mandan y de paso también intenta usar sus influencias para ralentizar y confundir a la justicia. Pero la prensa se hace con tantos documentos que es imposible evitar su entrada en la cárcel. Cuando se lo ve venir el tesorero exige ayuda del partido, él sólo ha hecho lo que le han pedido durante 20 años y si cae caerán todos con él. El partido se da cuenta de que en la actualidad la sociedad no perdonaría que este caso no siguiera adelante y decide no actuar, de momento. Además lo de no dar explicaciones les ha durado muchos años así por qué no unos más hasta que salga otro escándalo y los medios cambien de tema. El tesorero decide empezar a hablar, se siente traicionado por sus jefes y no cree que sea justo que el pague por las decisiones de los que estaban por encima de él. Continuará…
Esta es mi interpretación de los hechos que han pasado desde que en el 2008 se empezó a investigar el caso Gürtel. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia, porque yo no tengo una bola de cristal, sólo un cerebro que me permite pensar y razonar. ¿Qué debe hacer la sociedad? Seguir reclamando respuestas y responsabilidades sin cesar. ¿Qué debería hacer el partido en cuestión? Abrir las puertas y las ventanas y que salga toda la basura acumulada. Pedir perdón no es suficiente, muchos deben dimitir y devolver el dinero. Cuanto más lo pospongan peor va a ser para ellos y para España, ese país al que tanto dicen querer y del que gracias a ellos lo primero que se menciona en el extranjero es la corrupción que lo gobierna.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario